miércoles, 23 de enero de 2008

FaKe PlaStiC LoVe...

Pequeñas manías de una loca obsesiva. Así define mi mejor amiga lo que yo defino como: cariño por MIS objetos inanimados. Si, hace años me di cuenta que a la hora de renovar un par de zapatillas me cuesta mucho deshacerme del viejo par... tengo cierto, bah, demasiado aprecio por cosas que generalmente el resto de las personas sólo considera como... eso... como lo que son, como COSAS. Pero yo no, yo cada vez que tengo que tirar/regalar/deshacerme de alguna remera vieja, se me hace muy difícil, porque pienso todos los momentos que viví con esa remera, las personas que conocí, los lugares que vi, las veces que nos mojó la lluvia de verano... y a veces creo que después de compartir tantas cosas con esa remera, no es justo que me deshaga de ella, y también pienso... durante un ratito, si al tirarla no estaré arrojando un poco de mis recuerdos? Podré acordarme de las cosas que hice con esa remera cuando ella ya no esté para recordármelo? Si... se que suena tonto, pero yo creo que esas "cosas" que nos acompañan durante nuestras vidas merecen que en algún momento una se detenga a pensar en ellas y las recuerde con cariño... Mi celular por ejemplo, que hace rato necesita un cambio, pero me cuesta... porque son horas de llamadas recibidas, hechas, mensajes enviados... momentos de alegría, tristeza, felicidad, locuras, compartidos con alguien a través de ese pequeño aparatito, y que injusto sería que yo me deshiciera de él, por qué habría de hacer eso? qué cruel que es la teconología, siempre lanzando una "nueva versión" de viejas versiones, no quiero ser cruel con mi celular, si me acompaña día y noche y me despide antes de irme a dormir con los mensajes más lindos que mis ojos puedan leer... Yo quiero a mi celular. También quiero a mis libros, ah! como quiero a mis libros!! más allá de que adoro todo lo que Cortázar o Borges o Galeano escriban, son MIS libros los que quiero, no necesito la nueva edición de un libro que ya tengo, no me gusta leer a Cortázar cuando no es mi libro, porque MIS libros saben si lloré mientras los leía, o me reí, o me quedé dormida... tienen olor a mi biblioteca, olor a mi, siempre me sorprenden con alguna foto que guardé hace mucho tiempo entre sus hojas... todas esas cosas que forman parte de mi vida, esas cosas que no hablan, que no se mueven, que no comen, no respiran, no sienten, no gritan, no lloran, no hacen nada en realidad... pero a la vez me hacen feliz, esas pequeñas manías mías que cada vez que debo reemplazarlas hacen que mi día se ponga gris por un ratito... mientras tiro esas Converse viejas que ya no pueden caminar a mi paso y calzo las nuevas que sonríen y piden que las saque a correr como si me miraran y prometieran que cada vez que las use voy a tener un hermoso día... y yo sólo puedo pensar que en un tiempo después de haberme acompañado durante tantos pasos deberé abandonarlas y volveré a sentirme mal... por un ratito.

sábado, 19 de enero de 2008

My LiTTle NoteBook...


Creo que por escribir cosas acá y en el fotoló estoy dejando un poco de lado mi cuadernito y mi birome azul, cosa que no me gusta para nada! porque me gusta escribir, me gustan las hojas de mi cuaderno, que tienen olor a eso, a hojas de papel... que cuando no sé que escribir me permiten dibujarlas y hacerles garabatos hasta que algo sensato asome en mi cabeza, pero acá es distinto... cuando no sé que carajo escribir, escribo igual o paseo por la web, o simplemente apago la computadora, no hay cariño, no hay contacto, es raro... En cambio mi cuaderno rehúsa a cerrarse hasta que no le haya escrito algunas líneas o haya anotado un par de pavadas, de ésas que si las leés 2 semanas después te matan de la risa, es raro, porque él me acompaña a todos lados, va conmigo siempre, llueva, truene, esté soleado, haya luz o se caiga la conexión de arnet, mientras que mi pc espera, y sólo funciona en determinadas condiciones... Ojo esto no quiere decir que no te quiera querida pc, sabés que sos una buena compañía... pero tenía que aclarar de alguna manera, que a pesar de que te adoro a vos y a la tecnología y no puedo estar un día sin pasar a saludarte, siempre preferiré a mi cuadernito negro... y mi birome azul... y mis letras con forma de nada que hasta a mí me cuesta entenderlas, a pesar de todo hay algo en mí que hace que los prefiera a ellos antes que al blogspot, al word y a la times new roman.

martes, 15 de enero de 2008

iMpoSSibLe iS NoThInG...

Qué difícil es decir que No. Es tan difícil decirle que no a esos ojos azules, que miran y parecen no mirar, pero ven lo que nadie ve. Por qué? Por qué es casi imposible negarme a tus dulces palabras que no son dulces para nada, pero la manera en que abandonan tus labios parecen que estuvieran cubiertas de chocolate? Cómo negarme a tus manos, si cuando las juntamos son el espejo de las mías? Por qué me resulta impensado negarme a tus besos, si sé que no curan heridas? Es tan difícil dejar de mirarte, porque aunque tenga los ojos cerrados todo mi cuerpo te mira... Que hiciste conmigo? Cómo lograste que la locura se apodere de mí? Cómo hiciste para convencer a mi mente y corazón de que debían amarte con locura? Y decime cómo hiciste, cómo hiciste para abandonarlos sin que yo me diera cuenta? Cómo convenzo a mi corazón de que no está roto y que no es imposible volver a amar? Cómo?...

sábado, 12 de enero de 2008

Hay QuE sEr ReaLmentE IdioTa pArA...

Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.
Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.
Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforescente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso --lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad-- yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con o que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.


Si hay alguien que con un par de palabras me cambia la vida, me hace feliz y me da ganas de ser una perfecta idiota, es éste loco de Cortázar.

QuÉ HagO coN éSto?

Qué se supone que haga yo con un blogspot eh? Qué se supone que escriba? no tengo idea... Escribiré esto para después leerlo yo misma? tampoco tengo idea... Para qué carajo lo escribo entonces? de nuevo: no tengo idea.
Es muy raro escribir algo cuando no sé que carajo escribir, no sé si es raro, es díficil en realidad, y lo más probable es que lo que estoy escribiendo termine siendo una increíble pavada como la mayoría de las cosas que escribo... y ya perdí la cuenta de cuántas veces en estas pocas líneas escribí el verbo "escribir" en sus diferentes conjugaciones.
Son las 2:49, según el nuevo horario, al que todavía me cuesta acostumbrarme, especialmente porque cuando vuelvo a casa a la noche... todavía es de día. Sisi, hoy me tomé un colectivo para volver a mi casa a las 21:40, y todavía brillaba el sol, si ya sé que es un acontecimiento totalmente banal o intrascendente pero a mi me sorprendió, porque en mi mente era de noche.
Ahora si que es de noche... de eso no hay dudas, pero sin embargo por qué carajo decimos que son las 2:50 de la mañana, si es de noche? Qué es lo que determina que digamos si es de noche o de mañana? Siempre creí que estaba relacionado con la salida del sol, pero aparentemente no es así... y ya que estoy tengo otra duda, por qué decimos las 12 del mediodía? si ya sabemos que si son las 12 y hay sol es mediodía, por qué no decimos las 12 de la mañana?... incógnitas que surgen a las 3:00 am?, que seguramente si me las pregunto mañana con los ojos bien abiertos, la mente fresca y un cafecito en vez de un vaso de Fernet, piense que son una tremenda pavada.
En fin mi reloj dice que son las 3:00 el no aclara si de mañana o de tarde o de noche, sólo dice que son las 3:00 y que es tarde, en realidad no "dice" nada, no habla mi idioma, pero nos comunicamos con el idioma de las agujas que dice que cuando la más chica se posa sobre el 3 y la grande sobre las 12... es tarde.